En el momento en que estoy escribiendo esta columna, Nicolás, un niñito de cuatro años, dulce, alegre y juguetón, está a la espera de entrar en un quirófano. Dentro de una hora será sometido a una cirugía que podría ser larga. Nicolás sufrió una herida grave en una mano.
El cristal de una puerta le cortó varios tendones y lesionó otros. El doctor no sabe cuántos tendones deberá reconstruirle. Pero cada cirugía reconstructiva, es decir, cada tendón que sea necesario reparar, costará miles de pesos. Para la familia, ésta es la preocupación menor, cómo quedará la manita del niño es lo que los mantiene en vilo, con el corazón en la boca. Hablé con la tía de Nicolás, que tiene un negocio al que acudo con frecuencia, y estaba muy perturbada. Continuar leyendo ‘¿Seguros?’


