
Me pasa todos los años. Cuando se acerca la época de Navidad siempre hago el compromiso de que voy a disfrutarlo todo sin tanto correr de un lado para el otro, respondiendo a las invitaciones pero sin desvivirme por no fallarle a alguien. En noviembre todavía estoy animada, hasta creída, de que cumpliré mi propósito. Así que en ese mes empiezo a resolver cosas con la idea de “despejar” diciembre.