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¿Seguros?

En el momento en que estoy escribiendo esta columna, Nicolás, un niñito de cuatro años, dulce, alegre y juguetón, está a la espera de entrar en un quirófano. Dentro de una hora será sometido a una cirugía que podría ser larga. Nicolás sufrió una herida grave en una mano.

El cristal de una puerta le cortó varios tendones y lesionó otros. El doctor no sabe cuántos tendones deberá reconstruirle. Pero cada cirugía reconstructiva, es decir, cada tendón que sea necesario reparar, costará miles de pesos. Para la familia, ésta es la preocupación menor, cómo quedará la manita del niño es lo que los mantiene en vilo, con el corazón en la boca. Hablé con la tía de Nicolás, que tiene un negocio al que acudo con frecuencia, y estaba muy perturbada. Continuar leyendo ‘¿Seguros?’

A una lectora

Una lectora, a quien no conozco, escribió hace unos días al blog de esta columna. Ella está dolida porque en mi anterior entrega, sobre la amenaza que representa el narcotráfico para el país, hago mención, con nombre y apellido, de un ex piloto ocasional del presidente Leonel Fernández, que ha sido vinculado por la Dirección Nacional de Control de Drogas, a un alijo de cocaína lanzado en un batey de Barahona.

Ella me reclama porque, a su entender, yo actué de manera ligera al publicar el nombre del piloto quien, y en eso tiene razón, no ha sido condenado por las acusaciones que pesan en su contra. Continuar leyendo ‘A una lectora’

El peligro acecha

Veinte años atrás, los narcotraficantes eran una especie rara. Crecí en el Seibo, de donde salí a los 19 años, y nunca conocí un cigarrillo de marihuana ni un gramo de cocaína. Tampoco supe de ningún amigo o amiga que consumiera drogas. Pero ahora que nos hemos convertido en la pista favorita de los narcos, y sus millones mueven palancas poderosas y pagan asesinatos y silencios cómplices, sientes que el monstruo se te mudó al lado y que cualquier día puedes pisarle la cola y, entonces, te atacará.

Eso le ocurrió a un pastor cristiano, de origen dominicano, residente en Estados Unidos. Su caso me lo contó una compañera de trabajo y, si todos los aspectos de la historia son ciertos, nos muestra que, ahora, no hay nada ni nadie en quien nos debamos fiar. Continuar leyendo ‘El peligro acecha’

No digan de dónde son

Estuve en Bogotá haciendo turismo. Una noche acudí con mi esposo a la discoteca “El Salto del Ángel”, en la que anunciaban como atracción una orquesta de merengue de la  República Dominicana y otra colombiana de vallenato.

El presentador identificó a los merengueros como el grupo “Príncipe Negro” y dijo que su manejador era el hermano del maestro Wilfrido Vargas que el día anterior había actuado allí. Nos lamentamos de que no disfrutamos de la música de Wilfrido, y nos creamos expectativas sobre cómo sería el grupo “Príncipe Negro”.

Desde que pisaron el escenario los cuatro jóvenes cantantes, que usaban música grabada, proclamaron que eran dominicanos, eso me alegró y los aplaudí. Continuar leyendo ‘No digan de dónde son’

Don Virgilio, no lo sé

Don Virgilio Ortiz Bosch pasa de vez en cuando por mi oficina y se detiene a conversar. Suele traer impresa en el semblante y la mirada una gran nostalgia por los tiempos pasados en los que sólo había que saber llegar al lugar apropiado para compartir una velada inolvidable con poetas, músicos y escritores de talento.

Cuando hablamos la primera vez me contó que, en esos años cuando yo no había nacido o estaba muy pequeñita, conoció a mi papá, Cuto Estévez, un músico bohemio que, hace más de dos décadas, se marchó para siempre “con su música a otra parte”. Continuar leyendo ‘Don Virgilio, no lo sé’

Doctores, nos duele

El recuerdo más traumático de mi niñez es el de un día en que acompañé a mi hermanita al médico porque tenía un acceso en la cabeza. Mi papá fue quien nos llevó y el doctor lo convenció de que no valía la pena ponerle una anestesia porque, debido a la infección, ésta no surtiría efecto.

Así que tomó un bisturí y la operó a sangre fría mientras yo, mas pequeña que ella, le sujetaba las manos.  Teníamos como ocho y siete años y todavía lloro cuando pienso lo que sintió aquella niña indefensa aprisionada por su  padre y su hermana mientras era “torturada”. Para entender cómo mi papá pudo aceptar algo tan inhumano, la explicación es que la palabra de aquel médico, un viejo amigo suyo, era palabra de Dios. Continuar leyendo ‘Doctores, nos duele’

La poda no

El camión de la basura, con el logo del Ayuntamiento del Distrito Nacional, llegó con gran alboroto. Se estacionó frente a mi casa y el chofer hacía sonar una y otra vez la bocina. Las jóvenes del servicio doméstico sacaron las fundas con la basura. Luego, escuché cuando el camión se marchó.

“Por fin. Se llevaron todo ese montón de desperdicios que había en la acera”, me dije. Pero cuando salí los trozos de rama y hojas me “sacaron la lengua”; estaban más regados que nunca. Me pregunté: ¿Por qué las habrán dejado ahí, si representaban el volumen más grande de desperdicios? Continuar leyendo ‘La poda no’

Niña bonita

Cuando se colocó detrás de mí en la fila de la cajera, me pareció graciosa por lo arregladita que lucía. Una niña linda, con la piel como de aceituna y el pelo largo que le caía en suaves bucles.

Los zapatos rojo vino hacían juego con los lunares del vestido y, además, llevaba unos lacitos con cintas de colores y unos lentes de sol sujetos en la altura de la cabeza. Llegó hablando en voz alta, le estaba pidiendo a su mamá que le comprara un juguete.

La madre insistía en que bajara la voz pero la niña no disminuía el volumen y, poco a poco, se fue convirtiendo en el centro de atención de todos a su alrededor. Quería un bebé, de esos que vienen con biberón, su mamá le respondió que ya tenía como cinco y ella le aclaró que no, que “sólo eran tres”. Continuar leyendo ‘Niña bonita’

Hay que salvarlos

En una situación, similar a la actual, en la que el país enfrentaba la amenaza de un ciclón, un grupo de periodistas estábamos reunidos, debatiendo sobre la cobertura noticiosa que desplegaríamos para mantener informada a la población. En medio de la conversación, surgieron las anécdotas sobre cómo cada quien había vivido en su niñez el huracán David.

Mi recuerdo de ese hecho es divertido, me la pasé mirando fascinada al viento que batía los árboles, así que esperaba escuchar historias similares. Pero, lo que oí, me mostró la parte de las aguas y el huracán que quienes hemos tenido la dicha de dormir siempre bajo techo seguro y en lugares secos, no vemos. Una compañera narró que recuerda al ciclón David como una pesadilla. Continuar leyendo ‘Hay que salvarlos’

¿Esperan otra Vanessa?

Vanessa Ramirez Faña/Tomado de la lasaeta.wordpress.com

Vanessa Ramírez Faña/Tomado de la lasaeta.wordpress.com

Tengo una tía tocaya que en estos días me contó que está aterrada con los robos y atracos que ocurren en Santiago, donde vive. Ella ha sido víctima y testigo pero, además, consuelo de familiares y amigos atracados. Cuando empezó a narrar el glosario de robos de los que ha tenido conocimiento, decidí escribir al respecto.

Por ejemplo, me contó que, el pasado lunes 27 de agosto, una pareja de hermanos de su iglesia había vendido un vehículo y retiraron 160 mil pesos de una sucursal que está ubicada en la avenida Juan Pablo Duarte de Santiago. Era la una del día y ellos se llevaron el dinero para hacer el pago de otro carro que pensaban adquirir. Continuar leyendo ‘¿Esperan otra Vanessa?’

Maestro, muéstranos la lluvia

Cuando me senté ante el computador, estaba indignada por los que han enfrentado la amenaza de siete tormentas en menos de tres meses, viviendo al borde de los ríos, en este y otros países tan pobres como el nuestro.

Por eso, me dije: voy a escribir sobre el cambio climático, y lo terrible que ha sido confirmar que tenían razón quienes alertaron sobre los efectos que desataría en las naciones situadas al sur de otras que han contaminado la atmósfera con sus desechos ocasionando un desaguisado en nuestro maravilloso clima.

Pero miré por la ventana y pensé que esta lluvia loca e incontrolable de Gustav, como todo en este mundo, tiene su magia y que, tal vez hoy, si Dios lo permite, la vida necesite más un poema bien escrito que un canto a la tragedia. Por eso, como la basura mezclada con los aguaceros puede arrancarnos de cuajo las musas, y reconozco que tengo mejor pluma para golpear que para acariciar, cedo el paso al maestro Federico García Lorca para que, desde el más allá, nos recuerde la magia que encierra una gota de lluvia: “La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable, una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje. Es un besar azul que recibe la Tierra, el mito primitivo que vuelve a realizarse. El contacto ya frío de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecer constante.

“Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores y nos unge de espíritu santo de los mares. La que derrama vida sobre las cementeras y en el alma tristeza de lo que no se sabe. “La nostalgia terrible de una vida perdida, el fatal sentimiento de haber nacido tarde, o la ilusión inquieta de un mañana imposible con la inquietud cercana del color de la carne.

“El amor se despierta en el gris de su ritmo, nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre, pero nuestro optimismo se convierte en tristeza al contemplar las gotas muertas en los cristales… Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio y le dejan divinas heridas de diamante. Son poetas del agua que han visto y que meditan lo que la muchedumbre de los ríos no sabe…

“Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,tristeza resignada de cosa irrealizable, tengo en el horizonte un lucero encendido y el corazón me impide que corra a contemplarte.” F, García L.

El nuevo

Fue necesario arrastrarlo hasta la ducha, medio dormido, porque las vacaciones le habían pegado las sábanas al cuerpo. Se bañó a regañadientes pero después entendió que había llegado el anunciado primer día de clases de su colegio nuevo y, entonces, él solito se puso la camisa, el pantalón, las medias y los zapatos. Hecho un espectáculo de belleza, para sus padres, entiendan, se paró frente a éstos buscando aprobación.

La madre, que se había trasnochado haciéndoles el ruedo a los pantalones nuevos, se dio cuenta que la vista le falló y los había puesto un poco cortos, nada grave, pensó. Pero para el padre, que conoce mejor el mundo de los hombres y su crueldad en la infancia, unos “salta charcos” eran intolerables así que se llevó de vuelta a su cuarto al flamante alumno y le cambió los pantalones por otros sin ruedo. Continuar leyendo ‘El nuevo’

Por Marcos Durán

El niño Marcos Durán

El niño Marcos Durán

Escribir esta columna me duele más de lo habitual. En otras ocasiones me ha tocado hacer escritos similares pero, por primera vez, las personas que se me han acercado porque necesitan ayuda son cercanos conocidos desde hace  años.

Se trata de David Durán y su esposa Daysi Reynoso, los padres de Marcos, un niño de diez años a quien he visto crecer al igual que a mis hijos. Su papá, David, es un hombre de trabajo que ha estado vinculado a mi familia por razones laborales.

Así que a Marcos suelo verlo varias veces al año cuando pasa por casa acompañando a su papá o participa en los cumpleaños de mis hijos. Se trata de  un niño maduro para su edad, inteligente, fuerte y decidido. Continuar leyendo ‘Por Marcos Durán’

Reino de machos

Si usted la ve, pensará lo mismo que yo. ¿Por qué una muchacha joven, inteligente, bonita y casi profesional no se arregla más? No anda sucia ni despeinada. Pero, al mirarla, notas que le falta algo de coquetería, de ilusión, cuando se viste ante el espejo para salir a la calle. El detalle me llamaba la atención, pero no me atrevía a referírselo. Sé, por experiencia propia, que para nosotras las mujeres el tema de la apariencia es tan delicado como el de la maternidad y las relaciones amorosas.

Y como jamás cometo la necedad de sugerirle a una amiga que “ya llegó” la hora de buscarse un novio o preguntarle qué le pasa que aún no tiene hijos, tampoco hablo de libras o falta de maquillaje. Pero ayer, me atreví a decirle a esta chica buena que debía ser más coqueta. Continuar leyendo ‘Reino de machos’

El 911 de emergencia

Cuando escuchaba anuncios publicitarios que invitaban a llamar al 911, en caso de emergencia, me preguntaba si ese servicio ya funcionaba. Algunas veces, consideré hasta probar pero después desistí porque no se justifica ocupar a gente que en ese momento puede salvar una vida con una alarma falsa aunque sea como herramienta investigativa para un trabajo periodístico. Otras veces, vi a funcionarios y jefes policiales afirmar que el 911 funciona “como en cualquier país desarrollado”.

Pero seguía dudando porque para que un sistema de emergencias sea efectivo se necesitan mas recursos, personal entrenado y responsabilidad de la que hasta ahora hemos demostrado que podemos implementar. Por desgracia, no me equivoqué. Me enteré de un caso reciente que vino a justificar mi escepticismo. Este caso, que terminó bien, conectó mi pensamiento con otro, que acabó en desgracia. El primero lo relata Alicia Martínez, una lectora que antes ha colaborado con esta columna.  Ella cuenta: “Era un martes a las ocho de la noche. cuando mi papá y yo llegamos a la casa después de trabajar. Nos encontramos con la amarga sorpresa de hallar a mi mamá en un estado de inconciencia y respirando con dificultad”. Continuar leyendo ‘El 911 de emergencia’

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