Cuando me senté ante el computador, estaba indignada por los que han enfrentado la amenaza de siete tormentas en menos de tres meses, viviendo al borde de los ríos, en este y otros países tan pobres como el nuestro.
Por eso, me dije: voy a escribir sobre el cambio climático, y lo terrible que ha sido confirmar que tenían razón quienes alertaron sobre los efectos que desataría en las naciones situadas al sur de otras que han contaminado la atmósfera con sus desechos ocasionando un desaguisado en nuestro maravilloso clima.
Pero miré por la ventana y pensé que esta lluvia loca e incontrolable de Gustav, como todo en este mundo, tiene su magia y que, tal vez hoy, si Dios lo permite, la vida necesite más un poema bien escrito que un canto a la tragedia. Por eso, como la basura mezclada con los aguaceros puede arrancarnos de cuajo las musas, y reconozco que tengo mejor pluma para golpear que para acariciar, cedo el paso al maestro Federico García Lorca para que, desde el más allá, nos recuerde la magia que encierra una gota de lluvia: “La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable, una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje. Es un besar azul que recibe la Tierra, el mito primitivo que vuelve a realizarse. El contacto ya frío de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecer constante.
“Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores y nos unge de espíritu santo de los mares. La que derrama vida sobre las cementeras y en el alma tristeza de lo que no se sabe. “La nostalgia terrible de una vida perdida, el fatal sentimiento de haber nacido tarde, o la ilusión inquieta de un mañana imposible con la inquietud cercana del color de la carne.
“El amor se despierta en el gris de su ritmo, nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre, pero nuestro optimismo se convierte en tristeza al contemplar las gotas muertas en los cristales… Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio y le dejan divinas heridas de diamante. Son poetas del agua que han visto y que meditan lo que la muchedumbre de los ríos no sabe…
“Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,tristeza resignada de cosa irrealizable, tengo en el horizonte un lucero encendido y el corazón me impide que corra a contemplarte.” F, García L.