Archivos para 12 marzo 2008

Madres extraordinarias

Madre extraordinaria

Si Odille Villavizar se le pone delante lo primero que le va a dedicar es una sonrisa. Ella es una persona muy simpática con un sentido del humor a prueba de terremotos y eso la vida le ha dado la oportunidad de demostrarlo. Odille es la bujía inspiradora de un grupo de apoyo para padres con hijos autistas al cual pertenezco.Es madre de dos niños con esta condición. Como ella y su esposo Nazario vivieron en el exterior, tuvieron la oportunidad de llevar a sus hijos a centros especializados pagados por el Estado donde lograron grandes avances para su desarrollo personal e integración a la sociedad.

Pero, de vuelta a nuestro país, se encontraron con que los padres con niños especiales debemos andar solos con una espada en una mano y un fajo de billetes en la otra para cortar obstáculo y pagar lo inimaginable por servicios imprescindibles. Seguir leyendo ‘Madres extraordinarias’

Con la ropa de malo

Un maestro budista reconoció ante sus discípulos que, como todos los seres humanos, llevaba dentro un lado oscuro y otro de luz. Una fuerza que lo empuja hacia el bien y otra hacia el mal.

Uno de los alumnos le preguntó al profesor que cuál de esas dos fuerzas creía que vencería al final, y el maestro le respondió: “La que yo alimente”.

Con los niños hay días en que parecen dominados por su ángel bueno y actúan como hijos de los que nos sentimos orgullosos, pero en otras ocasiones los impulsa el diablito que todos llevamos dentro y, entonces, cualquier cosa puede pasar. Seguir leyendo ‘Con la ropa de malo’

La gruñona

Doña Deyda, la directora del colegio Pasitos, me contó en una ocasión, con cierto remordimiento, que su hijo le había reprochado el hecho de que el recuerdo más vivo que tiene de ella durante su infancia era de sus constantes pleitos por los quehaceres de la casa.

Me explicó que cuando sus hijos eran pequeños tenía cinco empleadas domésticas, incluyendo una niñera para cada niño. Como el gasto era enorme, entendía que sólo se podía justificar si todo salía bien. Pero no resultaba así. Los descuidos, errores y fallos eran una constante y sin dueño, porque nadie admitía su responsabilidad, así que ella peleaba, peleaba y peleaba sin parar. Seguir leyendo ‘La gruñona’