Archivo para 30 julio 2008

“Ángeles sin alas”

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Foto: Getty Images

Hoy tengo una invitada. Se trata de Alicia Martínez, una lectora a quien no conozco pero tuvo la gentileza de enviarme un articulo que lleva a la reflexión. Ella me escribió para que le diera mi opinión sobre su escrito. Me gustó y le prometí que lo publicaría. Disfrútenlo.

“Todavía me sorprende cómo la gente, en su afán de defender sus propios intereses, siempre está dispuesta a complacer ciento por ciento sus gustos y necesidades materiales, actitud que cualquier persona humilde y en su sano juicio describiría como una tarea forzosa y ridícula que, sin embargo, no es otra cosa que una búsqueda equivocada del verdadero sentido de la vida. Seguir leyendo ‘“Ángeles sin alas”’

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No

No. En este país no existe la pena de muerte. No. El crimen no cambia de nombre porque el arma que dispara sea sostenida por un brazo uniformado. No. Ningún ser humano que levanta las manos y se rinde ante una autoridad debe ser fusilado.

No. En una democracia quienes cometen un delito no dejan de ser ciudadanos con derechos civiles. No. Las explicaciones reiterativas sobre intercambios de disparos con heridos y muertes sólo de un lado no parecen creíbles.

No. Ningún estado de derecho puede darse el lujo de ignorar los testimonios de media docena de personas sobre un hecho donde se han perdido vidas y la autoridad pudo pasar de defensora de la ciudadanía a agresora. No. El irrespeto de los delincuentes por la vida no puede encontrar como respuesta una actuación similar por parte de la autoridad. Seguir leyendo ‘No’

Medicina para Gladys Emilia

Al pasar por el kilómetro nueve del Cruce de Pavón, en una pequeña comunidad de El Seibo, puede que vea en la puerta de una humilde casita a una mujer joven sentada en una silla de ruedas junto a una “pila de mangos”.  Si le ha tocado observar esa escena, entonces ha sido también testigo de un drama humano que afecta a una familia de cuatro miembros.

La señora de la silla de ruedas se llama Gladys Emilia. Tiene 37 años de edad, dos hijas adolescentes y un esposo que no usa silla de ruedas pero sí muletas para poder arrastrar su pierna derecha cuya movilidad y fuerza perdió hace 14 años durante un accidente cuyos efectos también le inutilizaron uno de los brazos. La pila de mangos junto a la cual se sienta Gladys Emilia es la única vía de sustento que tiene la familia en este momento. Seguir leyendo ‘Medicina para Gladys Emilia’

Defensa personal

Cada vez que alguien le pone mala cara, le grita de manera injustifi – cada, no cumple con lo prometido o no actúa con efi ciencia, ¿usted qué hace? El primer impulso es reaccionar igual o peor que quien nos agravió. Es lo que nos han enseñado.

Desde chiquitos, padres, tíos y hasta profesores tratan de “limarnos” para que sepamos defendernos y la mejor manera es, según la opinión general, devolver el golpe. Todos conocemos gente buena que actúa con corrección en la mayoría de los aspectos de su vida pero cuando se trata de dejar pasar una ofensa se blindan ante cualquier explicación. Proclaman la Biblia como su guía, pero se vuelan el capítulo que habla de poner la otra mejilla. Porque nuestro instinto es defendernos agrediendo. Seguir leyendo ‘Defensa personal’

800 millones de mirones

Sobre la gran mesa adornada con candelabros de plata, vajillas de porcelana y flores exquisitas, se lucían diecinueve variedades de platos: maíz con caviar, cangrejo, dados de atún con aguacate, salmón ahumado, erizos de mar, gelatina de soja, almejas hervidas, gambas, ternera y verduras, entre otros.

El chef Katushiro Namakura, el primer japonés en ganar una estrella de la mundialmente famosa guía gastronómica Michelín, se esmeró y le salió muy bien. Los convidados, no merecían menos. Se trata de los líderes que representan al G8, integrado por las superpotencias económicas más poderosas del mundo. Seguir leyendo ‘800 millones de mirones’

El discurso

Javier iba rumbo a un momento de estrellato. Le tocaba pronunciar el primer discurso de su vida. En el carro, antes del llegar al acto, venía practicando en voz alta. Primero se “comió” el buenas tardes, después iba rápido y bajaba la voz. Una y otra vez leía el texto hasta que, por fin, lo terminó sin errores y  yo grité: ¡Bravo! Pero Jorgito, el hermano menor, desde su esquina, en el carro, dejó escapar un buuuu bajito que, no obstante, Javier escuchó.

“Mami, yo oí un buuu”, me dijo con carita afligida. Entonces, Jorgito recibió la amenaza de que, si se atrevía a hacer un buuu en la graduación, sería castigado en su cuarto hasta que tuviera 20 años y, además, recibiría dos nalgadas. Llegamos tarde. La graduación ya había empezado. La profe Claritza corrió con la toga y el birrete y se la puso a Jorgito; él también estaba viviendo un momento especial, su investidura de “ya sé leer”. Iban tan rápido, que en el camino se le cayó el birrete. Seguir leyendo ‘El discurso’