Archivo para 25 febrero 2009

Por si vienen los ladrones

ladron

Iván Daniel tiene cinco años. Habla poquísimo. Recuerdo que la primera vez que lo escuché decir una oración completa, tenía ya cuatro años y me asombré. Le comenté a su tío, con alegría, “mira, habla bien”. Sus familiares hemos aprendido que su poco hablar es un estilo, algo propio de su personalidad, que le da un toque de mayor jocosidad a cualquiera de sus ocurrencias infantiles. Iván aún no sabe leer y dudo que se haya enterado que un mayor de la Fuerza Aérea encabezaba una banda de delincuentes que realizaba atracos entre cuyos integrantes se encontraban otros militares, y, como peces de una misma camada, hasta un asesino prófugo. Seguir leyendo ‘Por si vienen los ladrones’

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Large

 

gordas

La vendedora me ve mirando un vestido. Se me acerca y me dice: “Ese le sirve, es large”. La miró en “shock” y le respondo: “Si es large no me sirve porque yo soy médium”. Ella insiste, con una cara de “Tú te crees que eres médium”, y replica: “Esos corren pequeños, yo creo que un large le queda bien”. Entro al vestidor, segura de que no compraré el vestido pero diciéndome cómo me sentiré si yo, que hasta hace poco era small, ahora parezco large y, encima, me sirve un large. Seguir leyendo ‘Large’

Inspirada

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La naturaleza es tan sabia que comenzamos a amar equivocándonos, no al revés. Pienso que es para que tengamos el chance de rectificar y hacer las cosas mejor. Porque imagínense que cuando seamos viejitas nos enamoremos de los buenos mozos más populares de la ciudad, pero que en sus cabezas tienen metidos, a presión porque no caben, unos egos que les aplastan los cerebros, a tal punto que les causan daños colaterales “irreversibles”. Seguir leyendo ‘Inspirada’

Cuando empezaba a simpatizarme

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Cuando Alex Rodríguez apareció en TV diciendo que era estadounidense y vistiendo la camiseta de ese país durante el primer Clásico Mundial de Béisbol, perdió la simpatía de muchos de sus admiradores en República Dominicana, dentro de los cuales me cuento. Sus posteriores escándalos personales, como las fotografiadas infidelidades con nudistas, terminaron por malograr la admiración que antes me inspiraba este pelotero de innegable talento. Seguir leyendo ‘Cuando empezaba a simpatizarme’

Se pudre el paraíso

Estábamos fuera del país y mi hijo de seis años me preguntó mientras miraba por la ventanilla del carro. ¿Mami, aquí no hay pobres? Yo también miraba por la ventanilla pero sólo cuando escuché su pregunta hice conciencia de que lo que había a nuestro alrededor debía resultarle al niño muy distinto a lo que observa cuando va camino al colegio, a la misa de los domingos o alguna clase extracurricular.

El paisaje de nuestra ciudad, es un arrabal lleno de basura y mendigos. El día antes de salir de viaje, circulamos por una avenida de la Capital en la que los vecinos de los alrededores decidieron convertir la isleta que separa las dos vías en un depósito de basura. Ahí, sin ningún pudor, exhibían los desperdicios dándole al entorno un aspecto casi trágico de inmundicia y abandono. Seguir leyendo ‘Se pudre el paraíso’

El pequeño tramposo

Tenía seis años, casi siete, pero aparentaba cinco, casi seis. Su cuerpo diminuto y delgado fue siempre una ventaja, hasta un día. Pero, mientras llegaba ese momento, él lo disfrutaba. Lo llevaban en hombros con frecuencia, porque casi no pesaba, parecía una pluma.

Cuando nació, era el más pequeño entre tres bebés así que, para identificarlo, la empleada doméstica le llamaba “el chiquitico” y, pese a que los años pasaban, el apodo se le quedó y le servía bien, por su talla “small”. Seguir leyendo ‘El pequeño tramposo’

Si fuera Inocencia

Cuando era niña me decían un apodo que había heredado de una tía, hermana de mi papá, en cuyo honor fui bautizada como Inocencia. El apodo era Chencha, igual que el de la tía. Así que, como cosa poco común, compartíamos el nombre y el apodo. 

 A medida en que fui creciendo y escuchaba mofas como el estribillo de la canción que dice “Camina como Chencha, la gambá”, sentía, como les ha ocurrido a muchas víctimas de los apodos, que no quería llamarme Chencha toda la vida y, como soñaba con ser periodista, también me parecía poco apropiado mi primer nombre, Inocencia, porque siempre aparecía alguien que preguntaba “¿Y tú eres tan inocente?”. Seguir leyendo ‘Si fuera Inocencia’